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Cómo arreglar una salsa

Demasiado líquida: si el problema es que nos ha quedado demasiado líquida la salsa, la mejor opción es retirar los ingredientes sólidos, para a continuación es reducir el exceso de líquido y a fuego alto hasta que se vaya reduciendo. Después volvemos a incorporarlo a nuestro plato.

Salsa con grumos: la mayoría de las veces la causa de encontrar grumos en nuestra salsa es que la harina no se ha cocido correctamente al principio. Otro de las causas es que hayamos calentado demasiado rápido una salsa que se encontraba fría, para deshacer los grumos la mejor opción es batir nuestra salsa con la batidora y colarla sobre un nuevo recipiente, para volver a calentarla a fuego muy lento.

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Salsa insípida: para corregir una salsa clara tenemos varias opciones como añadir una pequeña porción pastilla de caldo de pollo o vino blanco (dejar evaporar levemente a fuego bajo). También podemos incorporar una pizca de alguna especia como nuez moscada, cayena, hierbas frescas, o una pequeña porción de mantequilla justo antes de servirla para darle un toque final. En una salsa más espesa, tendremos la opción de incorporar concentrado de tomate, unas gotas de tabasco, salsa inglesa o mostaza.

Salsa salada: si hemos agregado demasiada sal a nuestra salsa, la mejor opción es rectificarla añadiendo una pizca de azúcar, que conseguirá atenuar el exceso de sal. Otra opción es sumergir unas rodajas de patata cruda pelada y esperar que estén cocidas antes de retirarlas. Las patatas se encargarán de absorber el exceso de sal.

Salsa con demasiada pimienta: la solución es añadir una pequeña cantidad de nata líquida, que atenuará el sabor.

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